viernes, 8 de agosto de 2014

Mini-ensayo literario.

Ser huérfano en términos literarios sería no tener un referente o un iniciador en las letras.

¿Cómo es eso posible? Se me ocurren un par de formas.
  1.  Practicar lo que algunos llamaron la 'higiene mental' o ser 'ignorante'. Es decir, ser escritor sin haber leído a los grandes, ni a nadie.
  2. Leer y escribir sin tutorías, al azar de lo que caiga en las manos y que cada cual le parezca digno de ser o no leído, y de ahí recrear en función de lo que esté al alcance de las lecturas realizadas.
Esto produciría una especie de quiebre en el paradigma de escribir y/o de entender el ejercicio narrativo.

Literatura y poesía chilena desde la segunda mitad del siglo XX nos ofrecen un pequeño esbozo de lo que ello implicaría. Por medio de Nicanor Parra, Enrique Lihn y Roberto Bolaño.
Parra por que desde su formación como físico entremete la antimateria (el lenguaje cotidiano) a la materia lírica generando una especie de explosión en el lenguaje (culto).
Lihn con sus experimentos narrativos (me refiero específicamente a 'La Orquesta de Cristal' de la cual he leído, con suerte, diez páginas) introduce la idea de la imposibilidad de alcanzar la utopía de una narrativa total y de una lírica plenamente lírica (disculpen la expresión tautológica pero no se me ocurre nada mejor) y habla sobre una orquesta de cristal sin hablar de esta sino de lo que un narrador, a ratos polifónico, dice que dijeron de esta. Trata de una narración hipostasiada por otras narraciones. Es, dicho de manera más o menos kantiana, de una literatura donde se pierde completamente el noúmeno de la narración y se concentra o mejor dicho, gira en torno al fenómeno narrativo.
Roberto Bolaño sublima (en mi 'humirde' parecer) estos elementos aquí mostrados (groseramente) como lineales, hablo de la pseudo-evolución desde Parra pasando por Lihn hasta llegar a Bolaño.
Este último en 'Los Detectives Salvajes' nuevamente ofrece una narración que narra a través de otros narradores menores, pero ayuda a la lectura (no es el caso de la obra citada de E. Lihn) por medio del fichaje ya sea a través de las fechas de un diario de vida o de una ficha tipo entrevista especificando al hablante.
Si Parra generó una colisión de hadrones y Lihn aporta un principio de incertidumbre literario, Bolaño va un poco más allá, aspecto comprensible quizá por su periplo biográfico, generando una utopía y también una distopía de la irrupción cabal de lo prosaico (en el sentido de "escrito en prosa" y en su sentido de "Insulso, vulgar") en el mundo del arte. Bolaño era un escritor 'don Nadie' hasta bien avanzada su producción, pero que había entrado en contacto con el mundo letrado (el mismo reconoce que en algún momento de su vida 'Enrique Lihn le salvó la vida'.)
La utopía/distopía de Bolaño parte reconociendo como la entrada de lo insulso y los vulgar hasta la misma plaza de armas de la ciudad letrada genera un insipiente grotesco que encarnan los jovencitos (Belano y Lima) perdidos en las narraciones de la novela 'Los detectives salvajes' los cuales en pasajes son tratados reiteradamente como 'ignorantes'.
Estos huérfanos literarios (como los rotula Manuel Maples Arce) entienden la literatura y la reproducen desde los bordes de los cánones establecidos y como rémoras adheridas a los tiburones van recogiendo los restos que el gran depredador (en clave literaria habría que decir que se trata de depredadores de signos y significados) va dejando a su paso y generan una 'nueva novela'. (Momento utópico)
Bolaño representa esta irrupción y/o consolidación de genios borderline al encarnar personajes como Carlos Wieder (Estrella Distante) y Benno Von Archimboldi (2666).De esta manera podemos empezar a convencernos que, al igual que los bárbaros que arremetieron contra el Imperio Romano en el primer milenio de nuestra era, los héroes prosaicos han llegado para quedarse. Y esto, nos guste o no, puede llegar el grotesco detrás de snuff movies. (Momento distópico)
Si bien es cierto que estas manifestaciones de lo cruel y lo grotesco 'siempre' han estado presentes en la humanidad, lo más acertado es que por medio de la obra de Charles Baudelaire o de Roberto Bolaño nos abramos a la compresión (no necesariamente su aceptación) de que para algunas personas estas manifestaciones también son calificables como bellas y sublimes.

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