miércoles, 18 de agosto de 2010

Divagación nocturna

un deseo reprimido
entre sábanas teñidas de sombras

del otro lado del silencio
monjes elevan las súplicas...
niegan su cuerpo
implorando a un dios errático

inestables pálpitos
suenan en mis oídos,
incuestionables ensoñaciones
levantan su falda
frente a mis trémulas certidumbres

los monjes miran de reojo
entre la oscuridad implacable
deseando que el día jamás llegue

las sombras son un descanso
se oye entre los cantos...

el viento sopla
me despierta
miro el reloj
y los colores de esa realidad
en las sombras se abren
a otro mundos
todos tan reales como falsos.

Pero siempre
el secreto rondando
pero siempre el alba
encandilando nuestras existencias;
los rayos de la cobardía despuntan
la honestidad corre a su sarcófago.

Los monjes se saludan silentes,
la ciudad se saluda solipsista
subiendo el volumen de su ruidoso silencio
en ella
yo, tú, él, ella, nosotros
nos mantenemos en la tiniebla...
la que nos libera de la soledad;
la misma del dios esquizoide
que a diario nos sueña

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