Era la hora de cenar cuando llegó de su trabajo, ella era profesora de secundaria, venía con un delantal puesto muy ceñido a su cuerpo.
Yo estaba en la mesa poniendo los cubiertos para ambos, de pronto su mano me sorprende apretando fuerte mi pene. Reaccioné sobresaltado. Ella sin esperar mi erección se lo introdujo en su boca mi pene, y lo chupó y la lamió haciéndole crecer dentro de su boca. Yo sin acabar de comprender qué le sucedía me deje acosar por su deseo furibundo.
Me hizo lamer sus pezones largo tiempo, ella se puso sobre la mesa tirándolo todo al suelo, mi verga estaba erecta y aún brillaba entera por la saliva de su boca. Rápidamente terminó por quitarse la falda abrió las piernas y me enseño su vagina, la cual lucía un color intenso, lo mismo podría decirse de su olor y su sabor. Lamía su clítoris, restregaba mis labios sobre su vulva como un buen esclavo. Ella gritaba, mientras se masajeaba las tetas en un gesto que a mí siempre me calienta. Comenzó a mover sus caderas, ayudando de ese modo la tarea de mi lengua. Cada vez se ponía más húmeda su vagina. Sus fluidos más mi saliva tenían todo el mantel de la mesa manchado, los cuales al escurrirse humedecían su culito el cual me dejaba expuesto su ano que yo empecé a masajear con uno de mis dedos. Mi lengua entraba por su vagina y mi dedo follaba su culo. La profesora fuera de todos sus cabales comienza a dar gritos salvajes que denuncian el tremendo placer que siente en ese preciso instante.
"Ahí viene, me voy" le oí decir con voz entrecortada y me sujetó la cabeza con fuerza y me la hundió aun más en su vagina, llegando con mi lengua tan profundamente como nunca antes lo había conseguido. Sentí como su cuerpo se empezó a tensar, a curvar su columna, tirando su cabeza hacia atrás oí como de su pecho emergía un sonido de tiempos remotos, doy un leve mordisco a su clítoris, y el lento y detallado preparativo de su cuerpo para el orgasmo se tornó en centésimas en una convulsión sin sistematicidad alguna, de su vagina salió agua y vino, de su boca un aullido de loba que me puso los pelos de punta, sus tetas se pusieron rígidas y sus pezones me enseñaron a Dios. Yo estaba a unos 30 centímetros de ella contemplándola en toda esa transubstantación, y sin darme cuenta estaba teniendo un orgasmo instantáneo que me hizo caer en el piso, eyaculando mientras ella seguía con los últimos estertores de un orgasmo universal, en la boca me caía el cáliz de su placer. Estaba como aturdido ante la magnanimidad de lo vivido. Ella bajo a recogerme y me besó como si fuese un ángel. Del cielo bajó una luz y la profesora aun desnuda subió a los cielos. Tras lo que en esa mesa ocurrió claro estaba que la profesora de secundaria estaba destinada a ser la madre de Nuestro Señor a lo hora de su segunda venida para salvar a todos los que aprendimos que el precio de estar vivo es el pecado.
4 comentarios:
Hola,gracias por tu visita a mi blog,he leido el tuyo y me gusta.
Un besito
Qué interesante la última frase: "El precio de estar vivo es el pecado."
Por supuesto!
Saludos.
Ehhhh el final no me gusto...
Jajajaja y como futura profesora de secundaria...uuffff me gustaria que me hicieran lo que en tu cuento describes..claro que yo...no me ire al cielo...solo lo vere..pero de lejos-y sera producto de un deleitoso orgasmo.
Espero tu visita en mi blog...
Besos
Maria Alexandra
Pues a mi me encanta estar viva y pecarrrrrr. Me has hecho recordar momentos muy intensos que he vivido.
Mmmmmmmmmmm.
Me ha gustado tu post.
Besos cálidos
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