miércoles, 19 de marzo de 2008

Cuento 3

En un arranque de honestidad me vi obligado a reconocer que solo buscaba los aplausos de todo el planeta. Que en el fondo todas mis sofisticadas concepciones filosóficas no eran más que un egoísta intento por situarme a la vanguardia de las ciencias en general. Mezclando las ideas de distintos campos.

Rompí en lágrimas cuando aquella mujer sin dientes me increpó. No pude mentirle. Vi como iba vestida. Vi como iba vestido. Recordé cuando mi ex esposa me abandonó por mi abnegación por las ciencias. Me creí en la cima del mundo. Y a poco andar terminé solitario y rodeado de tipos que solo quieren aprender de mi, pero nada más.

Mis padres muertos hace años y de mis hermanos no se nada desde que sepultamos a mi madre. Que canalla me he puesto. Incluso alumnas se ofrecen sexualmente en señal de devoción religiosa. Y yo muchas veces acepté despechado, tras mi ruptura matrimonial.

Y así la viejecilla aquella terminó con destruir mi vida. Que qué me creía yo hablando de cómo ser mejores personas me dijo. Y yo no supe cómo responderle.

pero ya a medio camino de mis atribuladas ideas no se si seguir adelante en la intención de huir de todo…¿y es que a dónde voy a ir?

Aquí solo en cuarto escribiendo todo lo que me viene a la cabeza escuchando unas piezas de jazz, ¿qué mierda he hecho de mi vida? ¿Es mentira eso de la felicidad? He leído libros que dicen que sí, pero si yo no lo siento así nada he de creerle a un libro, como dicen ojos que no ven corazón que no siente. Pero hoy mi corazón hace tiempo que dejó de sentir, mis ojos han dejado de ver. Incluso al tocar mi piel siento que ha puesto gruesa y áspera, y a cada pasar de mi mano pierdo más la sensibilidad…

Una voz me dice en mi interior, ¿no será que nos estamos ahogando en un vaso de agua? Y yo le respondo que si , pero que aun así esto parece una tormenta, si tan sólo yo hace unos años en vez de haber tomado esa calle hubiese tomado otra o si en la esquina en vez de doblar a mi derecha hubiese doblado a la izquierda.

Qué pasa en mi alma que me siento parado en un vacío frío.

Y la mujer aquella tenía la razón… tanto me cuesta admitirlo… parece que si… quería solo para mi el derecho de habla por su voz…

En el cuarto estaba solo un hombre y su computador. El primero escribía raudo, el segundo era receptáculo de los frenéticos movimientos del primero. El hombre había comenzado a escribiendo en primera persona todo su mal vivir, pero eso le deprimió aún más. Así fue como ahora este hombre se encuentra escribiendo en tercera persona para alejarse de modo flagrante de sí mismo de lo repugnante que es. Incluso escribiendo de esa forma no siente lástima por si mismo al tratarse de repugnante.

Pero en este mismo instante en que usted lee este párrafo el hombre está en otra quehacer de su vida, pero para usted que está leyendo el hombre sigue sentado escribiendo, pero no porque usted haya construido así la narración, sino porque yo como escritor de este texto se lo estoy diciendo que lo haga.

En un lapsus el hombre dejó fluir sus dedos y sus ideas y se sintió cómodo articulando ideas sobre la posición del lector respecto a la del escritor. Pero después volvió a la tercera persona y todo se hizo más frío de nuevo. Hay un observador que ve todo lo que acontece dentro del cuarto incluso escudriña los pensamientos del que está sentado frente al computador. Pobre títere del relator.

¿títere de mi mismo? ¿cómo puede ser posible? Otra vez me torno críptico para el lector, pero no te preocupes si no me entiendes puedes dejar todo hasta aquí he ir a hablar por teléfono con tu novia que está a 300 kilómetros de distancia. O de lo contrario … ¿de lo contrario?... mejor por dicho por otro lado puedes hacer lo que se te pegue la regalada gana.

Sonrío (yo y no él que en el fondo soy también yo) al escribir eso de que el lector puede hacer lo que se le antoje con este papel manchado de tinta, ojala alguno se limpie el culo con mis ideas, pero ojala que nadie tome en serio mis palabras, que nadie haga análisis concienzudos de lo aquí escrito, ojala que a quien lea le importe una raja la moraleja de lo por mi escrito.

El hombre estaba a gusto escribiendo sobre su añoranza respecto a la lectura que espera que hagan de su texto cuando de improviso pasó escribir nuevamente en tercera persona, pero esta vez piensa que ya no lo volverá a hacer que va a vivirse a si mismo de cerca y va a partir admitiéndose a sí mismo.

Admitiéndome como un niño de 21 años con aires de grandeza camuflados en una humildad fatua y relatos fantasiosos que buscan dejar estupefactos a l@s que lo leen.

De aquí en más vamos a ver lo que pasa… ya son las 00:09 del día 15 de marzo de 2008 y debo ir a hablar por teléfono…

Adiós…

4 comentarios:

Discontinua dijo...

y cómo le fué en la conversación telefónica ? =)

Me gustó la descripción que hace del lector.

Un saludo!

Rebelde dijo...

Gracias por tu visita por mi blog, me alegro de haber visitado el tuyo ya que es bastante interesante.
Nos seguiremos viendo, saludos

CalidaSirena dijo...

Impactante el relato. Me ha gustado.
Un cálido beso

Anya dijo...

gracias por tu visita! Como me dice mi padre: "me recuerdas mucho a Sartre por el asco que desprendes hacia la humanidad en tus relatos", lo siento, pero tu forma de relatar se parece mucho con la mía! habrá almas gemelas literarias! o eres mi doble chileno versión hombre?? Me encantó tu blog, desenfado y pasotismo total!! saludos!!